Debo no niego; pago lo justo.- Por Teresa Carbajal: Esclavas por usura II Parte

La Convención Americana sobre Derechos Humanos en su artículo 21, apartado
3, establece que: “Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del
hombre por el hombre, deben ser prohibidas por la ley.” Así lo dice, al abordar los
Deberes de los Estados y Derechos Protegidos, respecto a los derechos civiles y
políticos de las personas, concretamente al referirse al derecho a la propiedad
privada.

¿Que a nosotros, qué nos interesa? Ah, pues mire, de conformidad con el artículo
133 de nuestro máximo ordenamiento legal o sea la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, ésta, las Leyes que de ella emanen, y los Tratados
Internacionales son Ley Suprema de toda la Unión; a pesar de las disposiciones
en contrario, que pudieran existir en las Constituciones o leyes de los Estados.

A eso súmele, que el artículo 1o. de nuestra Carta Magna dispone que todas las
personas debemos gozar de los derechos humanos reconocidos en ella y en los
Tratados Internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte -como la
Convención Americana- y por tanto, todas las normas relativas a derechos
humanos deben interpretarse de conformidad con nuestra Constitución Federal y
con los tratados internacionales, favoreciendo en todo tiempo a las personas la
protección más amplia.

Si lo dejamos ahí, suena a discurso de presídium (de esos leídos) que quienes lo
pronuncian, apenas si lo entienden. Pero si le digo que con este fundamento legal,
hoy precisamente estamos recibiendo la notificación de un Tribunal Colegiado de
Circuito que le concedió el amparo y protección de la Justicia Federal a un
matrimonio orizabeño (en edad adulta mayor) que luchó contra un Banco, que los
tenía esclavos por usura.

Caso de cuya defensa se hizo cargo el Barzón, y que peleamos como siempre y
ganamos con mucho esfuerzo, ¡no cabemos de felicidad!, ¡sí se pudo!, sí se
pueden ganar batallas legales en contra de la usura, y combatir así los abusos que
sufren quienes viven la amarga experiencia de sentirse encadenados a deudas
impagables.

Alguien me preguntó la semana pasada si celebramos el Día Internacional de la
Mujer, contesté que sí, pero no me dio tiempo de decirle que no lo hacemos sólo
el 8 de marzo en un presídium, lo hacemos todos los días, defendiendo a las

mujeres que viven este problema, concientizándolas en sus derechos para que los
exijan, escuchando sus historias de dolor con paciencia y atención para seguir
aprendiendo y buscar mejores estrategias para llegar a tiempo a sus vidas.
Concluyo, el miércoles por la mañana fui testigo de la surrealista escena, con
“lágrimas de cocodrilo” de la Ombudsman local que se dolía por no recibir
reconocimientos, según ella porque nadie es profeta en su propia tierra ¡Señora,
despierte! Un defensor de derechos humanos no debe esperar premios, el
reconocimiento está en la satisfacción de saber el deber cumplido.
Saludos, Teófilo.

¡Pregunte, es mejor tener dudas, que deudas!
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en @terecarbajal Cel 2281148502

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