Futuro con certidumbre. Por: ERICK LAGOS HERNÁNDEZ * El estratega sabe que todo cambio significa oportunidad; éste es el momento de definir qué país queremos.

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Por: Redacción

Futuro con certidumbre.

ERICK LAGOS HERNÁNDEZ *

El estratega sabe que todo cambio significa oportunidad; éste es el momento de definir qué país queremos.

México ha iniciado el camino hacia nuevos derroteros de prosperidad y desarrollo que anticipan buenos augurios. Desde su campaña presidencial, el licenciado Enrique Peña Nieto sostuvo que era impostergable dar el siguiente paso en materia de reformas y transformaciones de orden legal, que hicieran posible una mayor competitividad y mejores condiciones de vida para los mexicanos.Así lo escuché decir en cada una de sus visitas a Veracruz como candidato, y posteriormente como Presidente de la República. Para lograrlo, la primera gran tarea de su gobierno consistió, precisamente, en generar los consensos necesarios con las principales fuerzas políticas del país, lo que dio como resultado el Pacto por México y sus 95 grandes acuerdos. La experiencia de otras naciones igualmente en desarrollo indicaba que era el momento de afianzar los cimientos jurídicos, garantizar la competencia económica y abrir aún más las fronteras al capital privado sin que ello signifique perder un ápice de soberanía o independencia. En estos primeros meses la forma de hacer política también cambió. El diálogo y el entendimiento han sido fundamentales para alcanzar coincidencias por encima de las diferencias, siendo histórica la relación de cordialidad que sostiene ahora el gobierno federal con las autoridades de la capital del país tras años y años de desencuentro. La promulgación de la Ley de Víctimas colocó a México en la ruta de una auténtica sociedad de derechos, y la publicación de la nueva Ley de Amparo definió al gobierno del Presidente Peña como un gobierno a la vanguardia en la legalidad. Al proceso de adecuación del marco normativo, siguieron reformas con visión de futuro y largo alcance como la educativa, la financiera y la de telecomunicaciones, a las que se sumaron nuevos instrumentos jurídicos como las reformas hacendaria y política, y muy recientemente la reforma energética promulgada el viernes pasado que constituye, quizás, el mayor de los logros del Poder Ejecutivo federal. Nadie puede negar que en todas ellas hubo análisis, debate e intercambio de ideas; el Ejecutivo propuso y, en plena autonomía y libertad, el Legislativo dispuso. Nada se hizo a fortiori y mucho menos sin el aval ciudadano que significa tener una democracia representativa en la que el voto y la voz de los mexicanos se expresan en el Congreso de la Unión, a través de Diputados y Senadores electos por voluntad popular.

México cuenta hoy con los instrumentos necesarios para potenciar su economía, para generar los empleos que miles de mexicanos demandan, y para brindar mejores condiciones de vida a niños, jóvenes, mujeres, adultos mayores, indígenas y campesinos. El gobierno de Peña Nieto es un gobierno que da certeza y rumbo definido al futuro a partir de perfeccionar el marco jurídico de la Nación, pero sobre todo a partir de tener claridad sobre quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Por eso, durante la promulgación de la reforma energética, el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, Raúl Cervantes Andrade, lo dijo sin ambages: “nunca había habido un mandato específico en nuestra Constitución de para qué querían los mexicanos su petróleo, su gas y su electricidad. Hoy sí lo sabemos. Financiar el desarrollo es un elemento sustancial del crecimiento económico que tiene como traducción elevar el nivel económico y la vida de los mexicanos”.

El reto ahora es materializar cada acción y cada decisión en beneficios concretos a lo largo y ancho del país. Coincido por ello, con lo expresado el viernes por el Diputado Ricardo Anaya Cortés, en el sentido de que las reformas habrán triunfado cuando se traduzcan en mejoras para la calidad de vida de todas y todos los ciudadanos; reformas que bien vale decir fueron posibles gracias a la vocación democrática y a la voluntad de cambio de las legisladoras y legisladores de todos los partidos políticos, quienes tomaron la mejor decisión para el país al aprobar cada una de ellas.

Las expectativas son muchas, y las esperanzas lo son aún más. Las reformas que han definido a este 2013 como el año de los grandes desafíos, deben forzosamente aterrizarse en planes y programas que beneficien a la sociedad, de lo contrario ningún esfuerzo habrá servido. Si bien es cierto que las bondades de las reformas se van a cristalizar en el mediano plazo, no menos cierto es que debe prevalecer ante todo y sobre todo la confianza de que tanto el Ejecutivo como el Legislativo tomaron la decisión correcta; una decisión en la que está de por medio el presente y el futuro de millones de mexicanos quienes exigen mayores oportunidades de desarrollo, educación de calidad para sus hijos y fuentes de empleo mejor remuneradas. Ese fue el compromiso que hizo Enrique Peña Nieto en su campaña, y ese es el destino de grandes resultados que le aguarda a México. Unidos, sociedad y gobierno, podemos alcanzar las metas que nos hemos propuesto para seguir adelante. Que así sea.

* Secretario de Gobierno.

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