Política al día.- Por Atticuss Licona @atticuss1910 : El problema no fueron las Reformas, fue la enorme corrupción: Anaya

Para realizar un artículo del precandidato presidencial de la Coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya Cortés, bastaría entrevistarlo y plasmar la versión estenográfica por lo estructurado de sus ideas y porque la claridad con que esgrime sus conceptos es lo suficientemente fluida para entenderlo. No es fortuito el mote del “Chico maravilla” pues a sus escasos 38 años ya está tocando la puerta de Los Pinos y lo pude comprobar este domingo cuando estuvo de visita en Xalapa y tuve la oportunidad de entrevistarlo previo a su evento en el que acompañó a Miguel Ángel Yunes Márquez al arranque de su precampaña.

Fue precisamente con los habitantes de Los Pinos (los priistas), con quienes caminó del brazo durante algunos años hasta que juntos sacaron a flote las Reformas de gran calado impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto. Con él, Anaya supo ser una oposición responsable al sumarse a la construcción de proyecto para México, aunque a la postre pasara -junto con el PAN- a ser un duro crítico de los pírricos resultados y el camino tortuoso y bifurcado en el que se perdió el rumbo y por donde México discurrió a una de las más severas crisis de inseguridad y financieras de los últimos tiempos.

Ricardo Anaya lo dice con todas sus letras: “Ha habido una implementación absolutamente defectuosa de las reformas por parte de este gobierno federal priista. El problema no son las reformas en sí, el problema es que se han venido implementando de manera muy ineficaz, con mucha incompetencia, pero, sobre todo, hay que decirlo con todas sus letras, con una enorme corrupción y por eso no han dado resultados”.

En sus palabras Anaya acepta tácitamente que la construcción de las Reformas fue también a instancias de él y del PAN; no podría ser de otra manera, criticar a las Reformas per se, implicaría cuestionarse a sí mismo y renegar de su propia creación. Lo anterior significa también que en caso de que Anaya se convierta en presidente de la República, no echaría atrás las reformas de Peña Nieto, aunque sí propone conducirlas adecuadamente con la concurrencia de intelectuales, académicos, organizaciones de la sociedad civil y políticos convencidos de que de la unión nace la fuerza y de que se necesita de la unidad para lograr la gran transformación que México demanda.

Destaca en su discurso cómo se mimetiza con el entorno. Conoce no sólo los problemas del país, sino también los problemas del lugar que visita. En Veracruz la inseguridad es un punto neurálgico, por lo que Anaya distribuye responsabilidades pues ese mismo problema aqueja a todo el país… y no le falta razón. Más de 26,000 muertos de enero a noviembre del 2017 en México, es una cifra demoledora.

Su estrategia no es continuar la guerra como lo ha hecho Peña Nieto, ni la amnistía que propone López Obrador. En esa mimetización del discurso con lo local, su discurso suena un poco a lo prometido por Yunes Linares hace dos años. “Lo que nosotros planteamos es un cambio, pero un cambio inteligente y con visión de futuro. Lo primero que hay que entender es que se tiene que utilizar más inteligencia y menos balas. Hay que mapear a las organizaciones criminales completas”, asegura Anaya, y lo anterior recuerda a la promesa de Yunes de más inteligencia policial, drones y el conocimiento de cómo solucionarlo. Sin embargo, su promesa de “más inteligencia y menos balas” suena más tentadora que nunca. Si algo le ha quedado claro a los mexicanos es que la lucha frontal contra la delincuencia ha dejado demasiados daños colaterales y lastima a la sociedad en general; mientras que tampoco hay muchos que estén de acuerdo con pactar con los delincuentes. Por tanto, el que es necesario continuar la lucha contra los delincuentes es innegable, solo que, como cita Anaya, “hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes, es la locura”.

Hoy Ricardo Anaya decreta lo que todos los candidatos decretan, que va a ganar y que Veracruz es pieza clave. Lo sabe él y lo saben todos, por lo que la “Madre de todas las batallas”, la elección 2018, tendrá forzosamente sus derroteros en Veracruz. Cada aspirante presidencial ve en Veracruz un jugoso botín de un millón de votos o más, y se lo pelearán con uñas y dientes.

Anaya se dice convencido de ganar las elecciones a nivel nacional gracias a Veracruz y delinea su campaña en objetivos muy claros: “crecimiento económico, que la gente tenga dinero en su bolsillo, pues no basta solo que crezca la economía, lo que queremos es que a la gente le alcance”, y asegura tener la mejor propuesta para lograrlo. Pero también promete “seguir combatiendo con todo, la corrupción como se está haciendo aquí en el estado de Veracruz; y por supuesto, importantísimo es, recuperar la paz y la tranquilidad que se ha perdido en nuestro país”.

Ricardo Anaya Cortés, precandidato a la Presidencia por la Coalición “Por México al Frente”, rompe el paradigma del clásico político. Como todos, tiene lastres y sus aspectos negativos, pero si mantiene la esencia de la coalición que nació primigeniamente de la idea del “Cuarto Polo”, en el que la sociedad, estudiantes, intelectuales y personalidades de la sociedad civil se vislumbraban empoderados, tal vez, solo tal vez, estemos ante una gran oportunidad de recuperar al México vibrante y tranquilo que hoy es solo un frágil recuerdo plasmado en los textos escolares.

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