Por la Verdad y la Confianza.- Por Zaida Alicia Lladó Castillo: Justicia de a mil, a Hermila Galindo Acosta

He escrito antes acerca de las mujeres que han dejado huella en la historia, por su valía y aportación a las causas nacionales y la lucha por los derechos de las mexicanas, pero hoy particularmente me voy a referir a una personaje muy interesante: Doña Hermila Galindo Acosta de Topete, quien a partir de marzo de 2020, aparecerá su imagen en los billetes de mil pesos, como así lo afirmara el Gobernador del Banco de México Alejandro Díaz de León.

Pero pocos conocen quién es Hermila Galindo Acosta, de ahí que me permita escribir estas líneas para recordarla.

Hermila Galindo Acosta de Topete, nació en Villa Juárez, Municipio de Lerdo, Durango en 1886, y aunque en el acta original solo aparece el apellido de la madre Hermila Acosta, al morir ésta, es recogida por su padre Rosario Galindo y educada por la hermana de éste Ángela Galindo. Fue una mujer que demostró siempre sus deseos de superación y por ello estudió taquigrafía y mecanografía, estudios técnicos que para las mujeres de la época eran vistos como muy adelantados, pero ello le sirvió para abrirse paso en plano laboral pues fungió como secretaria en diferentes despachos y dio clases tanto en Durango como en Torreón, Coahuila.

A los 20 años, le llamaron la atención los asuntos políticos. Primero se identificó con el “Reyismo” , pero al fenecer esta corriente, jóvenes inquietos como Hermila Galindo, se identificaron de inmediato con el movimiento anti reeleccionista de Francisco I. Madero, quien fungiera como Presidente de México (1911-1913). Para ese entonces Hermila, trabajaba en el semanario “El nuevo Mundo” a las órdenes de Francisco Martínez Ortiz, abogado anti porfirista. En 1909 Hermila le transcribió –por saber mecanografía y taquigrafía- un discurso que había pronunciado en contra de Díaz y a favor de Juárez y dicho discurso que Hermila quiso publicar, causó temor entre la clase política en el estado de Coahuila, a tal grado que el alcalde de Torreón, mandó a borrar sus copias para evitar su publicación. Pero Hermila conservó la propia y le sirvió como documento de estudio y probatorio de su trabajo valiente y decidido.

Ante el derrocamiento de Madero, en 1914, los movimientos políticos al interior del país ponían a la Nación en una situación complicada. Huerta había renunciado y Carranza llegaba a la ciudad de México para celebrar el triunfo de su causa constitucionalista. A la llegada de Carranza, le reciben diversos clubes entre ellos el Club Liberal “Abraham González”, en el que participaba Hermila Galindo y en esa recepción ésta pronuncia un discurso frente a Carranza al que impresiona con sus dotes de oratoria y su inteligencia, y le llama para invitarla a trabajar como su secretaria, y a partir de ahí se incorpora a la política carrancista.

De esta manera Hermila apoya al Presidente Carranza con gran lealtad, viajando por el país y el extranjero para difundir el mensaje de su ideología constitucionalista que hacía hincapié en defender la soberanía nacional y a su vez promover la reforma social.

Pero también continuaba incursionando en el periodismo. En 1915, fundó el semanario “Mujer Moderna” desde donde promovía la educación laica, la educación sexual y la defensa de los derechos de las mujeres. Participó con una visionaria ponencia en el primer Congreso Feminista de Mérida Yucatán en 1916, --y aunque ella no pudo asistir-, la ponencia fue leída y en ella destacaban 4 temas: el sufragio femenino, la legalización del divorcio, el respeto a los derechos sexuales y políticos para las mujeres y el fin a la cultura del machismo en las decisiones. Tales temas, por ser controvertidos, causaron revuelo e incluso fueron catalogados por algunas presentes como inmorales. Esa respuesta para Hermila fue indignante y se atrevió a enviar una nueva y extensa carta al comité organizador del 2º Congreso para dar sus razones sobre el primer texto enviado y leído. Y del mismo rescato algunos fragmentos de este documento que no tiene desperdicio –en cita--y leerlo completo es obligado:

…” ¿Inmoral mi trabajo? ¿Y en qué estriba su inmoralidad? ¿En haber señalado defectos de nuestra organización social, en haber dicho cuál es el principal fin conforme a su naturaleza corresponde cumplir a la mujer en este mundo, no contrariando las cualidades que constituyen su ser, sino ampliándolas y desenvolviéndolas para darles una vida más larga, más amplia y más completa, ya que ni la mujer ni el hombre pueden dar importancia a su vida ni a sus funciones, ya animales, ya humanas, si éstas les son desconocidas?

¿Inmoral mi trabajo porque, basada en los principios en que debe descansar una moral científica, perfectamente inteligente, he reclamado en él mucha ilustración para la inteligencia de mi sexo, mucha educación para su voluntad, e igualdad completa de derechos con el hombre, ya que no hay ni puede haber motivo que funde la inferior condición en que se la tiene colocada, tanto más cuanto que, salva la diferencia del sexo, todas sus facultades son iguales, si no es que superiores, a las de aquel?

¿Inmoral mi trabajo porque no cuadra con reglas tradicionales de conducta, que no se han querido rectificar ni comprobar, porque rechaza toda imputación, ya sea en nombre del Estado o del dogma; porque reclama mucha luz para alumbrar a la mujer, haciéndola conocer sus altos destinos; porque pide una gran fuerza de voluntad para realizar su emancipación, a través de grandes obstáculos y venciendo dificultades enormes; porque, en una palabra, pide para la mujer completa libertad, es decir, la misma concedida al hombre para moverse sin travas en el desarrollo de su personalidad?

¿Inmoral mi trabajo porque pide que se enseñe a la mujer el camino de su perfeccionamiento, para que en posesión del secreto de su destino, que no debe serle como hasta hoy un misterio insondable vaya enamorada del ideal por el mundo, con toda la ternura y con toda la fe de su alma soñadora, con toda la constancia y con toda la abnegación de su corazón sensible, haciendo germinar el supremo amor del bien hondamente sentido y ardientemente buscado? ¿Su inmoralidad en qué estriba? ¿Es en la forma? ¿Es en el fondo?”…

El discurso sin duda correspondió a una pieza de oratoria de primer nivel, que fue bien recibida en el 2º Congreso feminista. Pero, aunque sus peticiones no tuvieron la resonancia esperada, Hermila continuó en su lucha.

En diciembre de 1916, logró presentar un documento ante el Constituyente de Querétaro, sustentado con firmas, abogando por el reconocimiento de los derechos sociales y políticos de las mexicanas. El resolutivo del Congreso fue negar esa petición. El texto de negativa expresaba:

“…El hecho de que algunas mujeres excepcionales tengan las condiciones necesarias para ejercer satisfactoriamente los derechos políticos no funda la conclusión de que éstos deben concederse a las mujeres como clase… ( )…” en las condiciones en que se encuentra la sociedad mexicana, no se advierte la necesidad de conceder el voto a las mujeres”.

No obstante y dado que la Ley no prohibía participar a las mujeres como candidatas, se registró en 1917 para contender por el 5º distrito electoral de la ciudad de México, y a pesar de que obtuvo la mayoría de los sufragios, el Colegio Electoral rechazó el resultado pues existía el impedimento constitucional.

Sin embargo, ella nunca claudicó en su lucha, continuó junto al Presidente Venustiano Carranza, y pugnó por lograr la promulgación de la Ley de relaciones familiares en 1917. Hermila fue leal a ese régimen hasta el final.

Una vez concluido el gobierno de Carranza al ser asesinado el 20 de mayo de 1920, Hermila Galindo como muchos de sus seguidores, se retiraron de la política. Se casó en 1923 con Manuel Topete y tuvo dos hijas, radicando durante algunos años en los Estados Unidos y regresando después a México.

Todavía logró ver la consecución del sufragio municipal (1947) y universal para la Mujer mexicana en 1953, cuando lo otorga el Presidente Adolfo Ruiz Cortines, siendo este hecho la culminación de una lucha que ella emprendió, por décadas en una época complicada, y en la que se enfrentó a los prejuicios y tabúes de la época, pero que pese a todo, destacó por su carácter e inteligencia.

Algunos textos definen erróneamente a Hermila Galindo como la primera diputada federal en México, -en 1952- pero ese es un dato que no se sustenta con los registros del Congreso de la Unión, pues la primera fue Aurora Jiménez de Palacios por Baja California Norte en 1954 .

Doña Hermila Galindo de Topete fallece en la Ciudad de México el 18 de agosto de 1954, pero su nombre queda grabado en la historia de la lucha de los derechos para las mexicanas,-- junto a Elvia Carrillo Puerto, Amalia González Caballero, María Lavalle Urbina, Alicia Arellano Tapia, Margarita García Flores, entre otras--, no sólo como vanguardista en la consecución de sus derechos políticos, sino como decidida impulsora de cambios culturales y en la acción gubernamental.

Por eso, el que próximamente ella aparezca en los billetes nacionales, representa por donde se le vea, Justicia de a Mil para una gran precursora de los movimientos feministas del México de la primera mitad del siglo XX, pero sobre todo, es un gran reconocimiento para una mujer valiente que creyó siempre que el cambio social venía desde el hogar, si la mujer se superaba y se le permitía ser libre y segura.
Gracias y hasta la próxima

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