Revelaciones.- Por Margarito Escudero Luis: Mortal contaminación en el sur

La situación ambiental en el sur de Veracruz es delicada, puesto que no solamente se trata de un derrame de hidrocarburo, solvente o lo que se haya derramado en el arroyo Tepeyac, en el municipio de Nanchital.

En algún momento de la historia, llegaría la gota que derramaría el vaso, que afectaría directamente a la población humana y no solamente a la flora y fauna del lugar.

El sur de la entidad, desde Acayucan hasta Las Choapas, sufre los efectos de la contaminación brutal que se integra en un todo, los arroyos contaminados por la ex azufrera en Jaltipan, las criminales descargas de la refinería Lázaro Cárdenas al río Coatzacoalcos, las mortales emisiones del Complejo Petroquímico de Cosoleacaque, el letal y enorme basurero de Las Matas que sigue contaminando el pantano, arroyos, ríos y la salud de los habitantes cuando lo incendian.

Debemos sumar las descargas y emisiones de los complejos Cangrejera, Pajaritos, Morelos y Etileno, además de toda la industria asentada en la zona.

Pero, a pesar de toda esa contaminación que ha causado graves trastornos al medio ambiente y roto el equilibrio ecológico, ahora debemos soportar que, en aras de la ganancia económica y la cacareada creación de empleos, se aplique la mortal técnica del “fracking” para extraer gas y petróleo atrapados en el subsuelo.

Peor aún, que además de la contaminación, soportemos también el incremento de la sismicidad provocado por el “fracking”.

No pretendemos ser alarmistas, pero ese cóctel ya causa estragos en la salud de la población humana y, acabamos de ver como provoca la muerte de cientos de animales y plantas con los recurrentes derrames.

También es peor que, los ciudadanos que ahí viven, estén tan acostumbrados a la situación que hasta normal les parece, hasta que sus ojos y pulmones protestaron.

Las personas fueron evacuadas y llevadas a un albergue. La contingencia continúa a pesar de lo que digan las autoridades.

Sin embargo, no hay forma de evacuar a los animales propios de la región ni albergue para ellos.

Así que, para mantener nuestro nivel de confort, la naturaleza debe pagar el precio. (y algunos humanos también).

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