Usted Dirá... .- Por Roberto Valerde García: Los gritos del silencio

Cuando la vida de un hombre que tenía tantas cosas que decir, es cegada para que no diga nada, su silencio se vuelve ensordecedor y quizá este sea el caso de mi compañero periodista y amigo, Ricardo Monluí Cabrera que ayer fue cobardemente asesinado en el centro del municipio de Yanga ante la mirada atónita de su familia con quienes acababa de desayunar como muchos domingos.

¿Quiénes fueron los autores materiales? Lamento escribirlo, pero la historia que se ha escrito en torno a casos similares nos indica que quizá nunca se sepa. ¿Quién o quiénes los autores intelectuales? Menos.

En octubre de 2008 al recibir la medalla Belisario Domínguez en el Senado de la República, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa dijo en su mensaje que “el poder del dinero y el poder criminal de las armas sustraen ya ahora con marcas crecientes de la vida en común al imperio de la ley y la capacidad rectora del Estado. El ímpetu feroz de la delincuencia organizada parece no reconocer límites, los rompe todos; sorprende cada día con su ubicuidad y sus desplantes osados y crueles”.

El periodista originario de Hidalgo, ya fallecido, afirmó que “los poderes fácticos, los que gobiernan sin haber sido elegidos, los que buscan y obtienen ganancia de negocios que atentan contra el interés general gobiernan en mayor medida que los gobiernos; la lucha de unos y otros poderes ilegítimos contra la sociedad, su éxito en el propósito de dominarla es favorecida por una situación económica, material cada vez más adversa”.

Como si Granados Chapa se hubiese proyectado ocho o nueve años en el futuro, puedo afirmar que ese es hoy nuestro triste presente en Veracruz: el crimen organizado no respeta nada ni a nadie.

Lo mismo pueden entrar a punta de metralleta a sacar a un par de enfermeras a un hospital, que balear a un periodista a un par de cuadras de la comandancia de policía, a plena luz del día y lo que es peor, frente a su familia.

La muerte de Ricardo Monluí debe dejar algo muy en claro para el gobierno del estado de Veracruz, el “enemigo público” no son los medios de comunicación, tampoco sus dueños ni los periodistas que en ellos trabajan. Los enemigos a vencer son el crimen organizado, la inseguridad y la impunidad. En esta lucha el gobierno y el llamado cuarto poder pueden ser grandes aliados.

Es cierto, verdadero, los medios son “empresas” y por ello se equivoca quien en medio de una crisis económica y ausencia de empleos, pretende instaurar como política pública acabar, asfixiar, sofocar, aniquilar a las empresas de la comunicación que históricamente han trabajado, prestado sus servicios y vendido espacios comerciales a gobiernos municipales, estatales y al federal, sean azules, rojos, amarillos, verdes o morados.

Han sido eso, empresas prestando un servicio para mantener a la sociedad informada oportunamente de las obras y las acciones del gobierno y si hubo quien o quienes abusaron y se volvieron cómplices, justo es que sean sancionados conforme a derecho, pero resulta temerario generalizar, o peor aún, demonizar a la prensa, la radio y la televisión, lo que se necesita es reconocer y valorar sus cualidades así como su utilidad pública y social,  identificar propósitos comunes impulsados desde la diferencia que coadyuven a un eficaz combate a la delincuencia y el narcotráfico que a todos, sin excepción, nos agobian y amenazan.

Que el silencio que pretendieron crear con el artero crimen de Ricardo Monluí Cabrera, se convierta en un ensordecedor grito a la libre y valiente expresión de las ideas, porque nadie puede ni podrá censurar  a los medios como no lo han logrado el terrorismo ni la guerra, mucho menos intereses oscuros. Hasta siempre Ricardo, donde quiera que te encuentres.

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